Amigas y amigos muy queridos,
Gracias por estar aquí. Gracias por entender que este no es simplemente un evento de promoción de un proyecto político: es un acto de defensa democrática.
Somos un partido que dio hace 3 décadas las batallas más grandes contra el narcotráfico y los violentos, y que renace precisamente cuando el país vuelve a caer en las garras de los narcoterroristas.

Estamos aquí porque la hora es grave y porque la historia nos vuelve a llamar.
Hoy se ha hecho realidad el sueño del Cartel de Medellín bajo el mando de Pablo Escobar: el de llevar al solio de Bolívar a uno de los suyos. El progresismo colombiano, como ha sucedido en Cuba, Nicaragua, y Venezuela, por solo nombrar los más cercanos, es una alianza peligrosa entre comunismo y narcotráfico, heredera de pactos oscuros del pasado entre delincuentes y partidos políticos que marcaron nuestra historia con magnicidios en cadena al final del siglo XX.
La hora es extremadamente grave. En estas elecciones nos jugamos el derecho a seguir siendo libres. Nos jugamos la posibilidad de vivir en una democracia con alternancia en el poder, con separación de poderes, con contrapesos reales que garanticen que nadie se quede eternamente gobernando, que nadie esté por encima de la ley, que nadie utilice la fuerza del Estado para silenciar a sus ciudadanos.
Perder lo que creíamos una conquista definitiva hoy es una posibilidad cierta. La cuenta regresiva está en marcha. Se prepara un proyecto para convocar una asamblea constituyente que podría desmontar dos siglos de institucionalidad republicana.
Por eso el Partido Oxígeno, consciente de su responsabilidad histórica, ha hecho uso de las facultades que le otorga la ley para abrirle espacio en la vida política a figuras extraordinarias que puedan salvar a Colombia o ser parte decisiva de su rescate.
Avalar dos candidatos para una misma elección presidencial es. si se quiere, un ejercicio de equilibrista. No hubiera sido posible sin la generosidad del uno y la vocación de servicio del otro.
Es un privilegio poderle aportar a nuestra democracia los nombres de Juan Carlos Pinzón y de Enrique Peñalosa en una contienda tensionada por los extremos, y cuyo resultado define si Colombia cae en los abismos de una temida venezolanización o si se salva.
Con Pinzón tenemos la llave para recuperar el control del territorio, derrotando a los grupos criminales de todo pelambre.
Con Peñalosa nos subimos a una nave ultrasónica para convertir a Colombia en un país desarrollado en cuatro años.
Con ambos derrotamos los peligros en ciernes.
La participación de ambos en la gran consulta por Colombia nos ofrece una esperanza real de salir de la polarización, y es nuestro único verdadero camino para derrotar no solo al narco-comunismo sino a su hermano menor el narco clientelismo.
Pero nuestro trabajo no termina allí.
El 8 de marzo, como lo han advertido analistas de renombre, los colombianos estamos llamados a participar en la elección más importante de nuestra historia republicana. No tenemos otra opción que ganar. Ganar la Presidencia y ganar el Congreso.
Porque si perdemos las mayorías en el Congreso de la República, de nada servirá haber ganado la Presidencia. Las mayorías de extrema izquierda pasarán su aplanadora para convocar una nueva constituyente, cerrar el Congreso y rediseñar el sistema a su medida, sin libertad de expresión, sin libertad de postulación. Y sin garantías.
Por eso Oxígeno ha confeccionado una lista de personas admirables para llegar al Congreso y convertirse en un dique de contención frente al proyecto de toma definitiva del poder por la política-delincuencial.
Para que este proyecto sea posible, quienes integran nuestra lista comparten valores, principios y firmeza. Aquí no caben los que se afligen, porque se aflojan. Tampoco el caudillismo ni los personalismos. En la selección de Oxígeno, los que se ponen la camiseta van a marcar goles, a cobrar faules, a jugar limpio y a trabajar en equipo.
En los últimos días se ha hablado de una supuesta crisis en nuestro partido. Quiero afirmar con absoluta claridad: Oxígeno está más firme que nunca. Que algunos candidatos que no estaban comprometidos con esta causa se hayan retirado no nos debilita; nos fortalece.
Porque esta batalla no es para tibios.
Ojalá la crisis que me preocupa fuera la interna de mi partido. No sería tan grave.
Pero la crisis real es nacional. Es una crisis honda e invisible. Una crisis de afectación de nuestra memoria. Habló de nuestra amnesia colectiva. Es decir de una crisis eminentemente moral.
Este año no estamos eligiendo sólo un presidente y un congreso.
Estamos decidiendo si honramos a las víctimas y a nuestros muertos, o si normalizamos la violencia.
Yo fui secuestrada por las FARC. Sé lo que es vivir encadenada. Sé lo que es que la libertad dependa del capricho de un fusil. Sé lo que es que la vida humana se negocie como mercancía.
Por eso no hablo desde el rencor. Hablo desde la memoria.
¿Se nos olvidaron las tomas guerrilleras?
¿Los secuestros?
¿Las masacres?
¿Las familias desplazadas?
El abuso de niñas chiquitas transformadas en mascotas sexuales por los pedofilos de las FARC?
¿En qué momento decidimos que todo eso no era tan grave?
Yo me enfrenté al Cartel de Cali. Me enfrenté a quienes mancharon la política con el dinero del narcotráfico. Me enfrenté a estructuras poderosas, y en medio de esa lucha fui secuestrada. Intenté escapar una y otra vez. Me recapturaron. Sufrí la violencia y el sadismo. Pero jamás abandoné mis principios.
Esta no es una lucha contra una ideología. Es una lucha contra el olvido.
Porque cuando un país olvida, repite. Y cuando repite, vuelve a sangrar.
Aqui en Oxígeno no hay extremos. Hay principios.
Aquí no hay odio. Hay memoria.
Aquí no hay revancha. Hay coherencia.
Y esta noche les pido con el alma: no traicionen su memoria. No normalicen lo que nos hizo la violencia. No conviertan el sufrimiento en libros polvorientos sobre los anaqueles de nuestras bibliotecas.
Hoy les pido algo muy concreto: compromiso. Compromiso moral, compromiso político y también compromiso financiero y empresarial.
Las campañas democráticas se sostienen con ciudadanos libres. Cada aporte que ustedes hagan esta noche es un acto de defensa institucional. Cada contribución es una inversión en libertad.
No estamos apoyando aventuras personalistas. Estamos construyendo un dique frente al autoritarismo. Estamos contribuyendo a consolidar una alternativa seria, firme y democrática.
No es momento para el miedo que paraliza.
No es momento para la rabia que enceguece.
Es momento para la sabiduría que nos da «hacer memoria».
Es momento para ser lo que creemos que somos; seres generosos con nuestra Colombia que necesita más que nunca que le demos Oxígeno.
Muy buenas noches.





